jueves, 26 de enero de 2012


¿Para qué una teología política? ¿posible? ¿inviable? ¿insostenible?

Quedo atónito cuando en esas soluciones para conciliar teología y política o religión y política, se acude a su terminología polisémica para confundir más al creyente y dejar insatisfecho al politólogo y al abogado. Más sorprendido, cuando observo que posturas políticas de varios creyentes y defensores acérrimos del "catolicismo" han participado en la creación de movimientos políticos de "ultraderecha" o de "extrema izquierda", cada uno de ellos buscando siempre el "bien" y la "paz social"; particularmente el caso conocido en Chile del senador Jaime Guzmán, "católico de comunión diaria" y a su vez "mano derecha" de la dictadura militar de Pinochet, lamentablemente asesinado por un frente guerrillero en 1991. Este hombre fue el fundador de la UDI, (con sustento ideológico en Carl Schmitt) partido del actual presidente Sebastian Piñera; Y continuando el rastreo en la historia de esos fundamentalismos políticos, podríamos ir a Colombia donde sacerdotes fundaron la guerrilla del ELN o del movimiento GOLCONDA, grupo de presbíteros con ideas de extrema izquierda, o la alianza de algunos obispos colombianos con el partido conservador, a finales del siglo XIX para condenar al "liberalismo" como "pecado" dentro de sus feligreses y agudizar la guerra civil entre liberales y conservadores; y así sucesivamente, el lector tendrá, muchos ejemplos más, en cuanto a esas relaciones y pactos de conveniencia para mantener "poder" o la "democracia".

Esas posiciones políticas de la iglesia y de sus hijos, ha traído diversas manifestaciones de rechazo en la sociedad, quienes en la actualidad en ninguno de los paises en mención tienen alta credibilidad "los partidos políticos tradicionales en crisis", "la iglesia en crisis", rezan muchos titulares de prensa.

El problema se agudiza cuando en las mismas esferas teológicas "patinan" para fundamentar una teología política que responda a las demandas sociales y a su vez den un argumento sólido para tratar el aspecto religioso y político; así también me sorprenden algunos esfuerzos teológicos por conciliar el liberalismo de Rawls o los comunicados oficiales recordando una "reconciliación" y busqueda de la paz", sin mayores éxitos; la violencia aumenta en todos sus dinamismos.

No obstante, existen varios autores que lamentablemente no han sido abordados con entusiasmo dentro del pensamiento teológico católico para responder a este problema; hablamos de Johann Baptist Metz, René Girard con su teoría mimética y los esbozos programaticos y sugestivos de la teología de la liberación latinoamericana, específicamente en su cristología.

Se necesita construir hoy más que nunca una teología política (TP) que responda a los problemas sociales de hoy y a su vez, den una renovación vital a una teología estéril y frágil ante las diversas convulsiones violentas que generan un odio abierto y a la matanza colectiva de personas. Y si bien, Metz elabora una teologìa que "mira al mundo" y a Dios "en este tiempo" en su situación cultural e histórica, retomando categorías centrales como la memoria, las víctimas y la solidaridad, es René Girard, quien, demuestra la realidad del "chivo expiatorio" que nace por el deseo de los adversarios para anularse recíprocamente y que en su intento de pacificación buscan una víctima para el holocausto final. Esta práctica que sigue siendo violenta es alimentada diariamente y de manera silenciosa en todas las esferas políticas, económicas, culturales y sociales.En efecto, según los historiadores, como Dominic Sandbrook, indica que antecediendo a las guerras, vienen las crisis económicas profundas, revueltas sociales y respuestas políticas que desencadenan racismo, nacionalismos y la derechización extrema de los gobiernos; prueba clara, son los efectos posteriores a 1932 en Europa y los sucesos mostrados después del golpe militar en Chile en 1973 o los fallidos diálogos de paz del presidente Pastrana con las guerrillas de las FARC en el 2002 en Colombia.

En este escenario social la fundamentación de una TP profética marcará un advenimiento apocaliptico en su sentido bíblico, es decir, mostrará la esperanza y conversión del hombre del deseo mimético sacrificial y denunciará los mecanismos que invisibilizan y excluyen a las víctimas, esto incluye a un tipo de teología que fundamenta solapadamente visiones políticas totalizadoras y mantiene el orden y el statuo quo de los sacrificadores. Se busca entonces, creyentes capaces de develar y deconstruir las imagenes del otro que esos mismos sistemas se han encargado de pulir como enemigos irreconciliables. Y mucho más, deconstruir la imagen de Dios que se tiene no solo en el sentido popular, sino el que tienen los políticos creyentes; esto es urgente, mucho más cuando uno escucha a los senadores republicanos de Estados Unidos en sus intervenciones cargadas de fideísmo.

Una TP será posible cuando atentos a esa opción creyente bajo la conversión paulina, abre los ojos al "Jesús resucitado en la historia" que asume su compromiso político como un imperativo para acompañar, acoger y dignificar el rostro del otro que devela la imagen del Padre; O cuando esos otros, vean en nosotros el rostro de Jesús. Será inviable cuando bajo una "teología política" se intente conciliar con un liberalismo excluyente o un tradicionalismo apegado a la norma o sujeto de superestructuras que segmentan y mantienen la desigualdad y la inequidad; insostenible, cuando en nombre de la fe secularizada se privatice a la esfera personal sin trascender a la vida pública, o cuando termina presentando como víctimas a los mismos sujetos que ocasionaron la violencia y la división en la comunidad. Así pues, en el marco de los ismos(relativismo, totalitarismo, ateísmos, secularismo, etc.) hoy más que nunca, los teólogos tienen un reto ineludible en su quehacer teológico, pues serán las bases que darán vitalidad al cristianismo en el siglo XXI.

martes, 24 de enero de 2012

La tierra prometida en el país del despojo

Según los exégetas como Von Rad y Gustavo Baena, la teologìa del Pentateuco, particularmente del Génesis, se centra en el derecho y posesión de la tierra como un regalo de Dios. La tierra es bendición y condición para desarrollar todas las dimensiones del desarrollo humano. Y bajo estas premisas teológicas se analiza los escandalosos casos de robo de tierras en Colombia por parte de los actores armados ilegales. Según los medios e instituciones que investigan este fenómeno, existen diversas maneras de "legalizar" las tierras para favoreces a los poderes fácticos. Desde la compra amenazante a bajos precios, hasta el asesinato sistemático como una estrategia para aterrorizar campesinos y pequeños productores. Las consecuencias de estas prácticas, son inmediatas. Más de 3 millones de desplazados internos, asesinatos de líderes sociales, muerte de campesinos inocentes, y más de 4 millones de héctareas de tierra usurpadas.

Son inumerables los testimonios de cientos de campesinos que viven como indigentes en las principales ciudades del país; rostros de la injusticia y la inoperancia del Estado para proteger a sus ciudadanos. Si bien, en el gobierno de Santos se ha promulgado la nueva ley general de vìctimas, que es un hito en la historia del país, su operatividad, se ha visto diezmada por los poderes fácticos regionales, o como él lo llamó, "la mano negra" que interviene para no soltar millones de héctareas productivas. La situación se exaspera, cuando entra a operar la lógica de la "confianza inversionista" en la que desde la era Uribe, se ha presentado al país como una "salvación" y potencial de crecimiento para nuestra economía. Bajo esta lógica han entrado a operar diversas multinacionales asociadas a la producción tecnificada y extensiva de productos que demanda el mercado, como los biocombustibles; a su vez, rondan "generosos inversionistas" extranjeros que han comprado en diversas partes del país miles de hectareas para producir, según ellos, alimentos que sus paises demandan. Y a su lado, se establecen cientos de campesinos colombianos esperando un jornal o empleo en estas fincas productivas.

Cuando citamos la teología del Génesis, no justificamos un "derecho divino" para poseer la tierra. No entramos en esa tesis sionista para justificar la violencia contra los árabes, pues, en este aspecto, sabemos que rige más el juego de Washington para su geopolítica en medio oriente. Nos referimos más bien a la tierra dada a los seres humanos para su desarrollo; como un derecho social, individual bajo el esquema de la justicia y dinamismo comunitario que las mismas culturas ancestrales saben reconocer. Dios como creador del mundo, y quien nos hace partícipes por su kenosis o encarnación en su condiciòn divina, nos alienta a ser co-creadores y por tanto, la legitimidad de sacar frutos de la tierra para el bienestar y fuente de experiencia que vivifica el cuerpo y el espíritu que no trastoca ni en violencia, ni en ruptura de los tejidos sociales, al contrario los fortalece.

Tampoco se cuestiona las libertades e iniciativa privada para emprender proyectos productivos. Sabemos que es necesaria una economía que desarrolle libertades, pero también capacidades. Se critica, más bien, el "abuso" y el "efecto depredador" que tienen sus prácticas cuando sobrepasan las libertades y derechos de los seres vulnerables. Ese economicismo ciego que ve "negocios rentables" en las tierras fértiles de pequeños productores; o esa antropología etnocentrista que indica que los campesinos en su ignorancia no saben cultivar y que se necesita la inversión empresarial para generar desarrollo en la región. Esto en el papel es una premisa interesante, pero, cuando vamos a observarla en operación, nos encontramos con escenas lamentables. Pobreza alrededor, sueldos paupérrimos, salud y educación privatizada, masacres de campesinos, desplazamiento forzado financiado por multinacionales, en fin, escándalos sociales que reproducen las lógicas del feudalismo o economía colonial en pleno siglo XXI.

La tierra es un derecho ciudadano y un imperativo teológico. Pero, en el caso de la interpretación teológica, esta opera bajo el esquema de la justicia y la caridad como espacios que cohesionan la sociedad. No desde una justicia como la da el mundo, sino desde una antropología que revela en el rostro del otro la imagen del Padre. La tierra es para todos, no para unos pocos; la tierra se defiende como un derecho divino porque los seres humanos son creación de Dios, sagrados; y tienen primacía las víctimas. En ella descansa toda la lucha y la opción creyente para ejercer justicia. En ese clamor del despojado y que a gritos pide justicia, se revela el deseo de Dios de cambiar su situación de dolor. Y el que escucha ese lamento y reacciona como Jesús cuando contempla la multitud, cuando ve que tienen hambre, es digno de llamarse cristiano.

Estamos en un momento sin precedentes en la historia del paìs, y la teología tiene un papel importante para acompañar, denunciar la injusticia y proteger a las víctimas; pero no será posible sin una renovación en sus prácticas, métodos y formas de comprender la realidad, es necesario un "nuevo aire" que permita abrir los ojos para ser testigos del amor de Dios y opción por las víctimas. Parafraseamos estas ideas, unos ufanamos de participar en teologías liberadoras, de vivir un cristianismo renovado y de esperanza para el mundo; sin embargo, permea una pasividad, un conformismo y una denuncia desde los asientos, pareciendo que toda la cultura profética de los padres de la Iglesia latinoamericana no ha tenido seguidores en los albores del siglo presente; hablamos de teologías sin contexto, sin decisión, aún "pensando" la realidad" y no acompañando ni escuchando al otro, ni mucho menos operando para un "cambio" en las estructuras y condiciones que niegan sus derechos. Se tiene entonces, dos caminos, el ancho que nos lleva a mirar desde la ventana, o el angosto que desde una experiencia mística nos llevará a ser creíbles y portadores de una alternativa para transformar el mundo presente.

viernes, 20 de enero de 2012

Teología y política

El debate moderno entre teología y política, es decir, la incidencia de la esfera religiosa en la esfera pública, ha tenido diversos matices que, al menos en la escuela filosófica habermasiana y en otros en otros cientistas políticos, reconocen el papel de la religión como una forma de "cohesionar" la sociedad, en medio de las fragmentaciones que causan los diversos malestares sociales; Así mismo, la teología ha revisado sus antagónicas relaciones con el mundo moderno, y ha dado nuevos giros que han permitido una fecundidad en el díalogo, revitalizando lo genuino de la tradición y la Sagrada Escritura.

Sin embargo, esta reflexión y puntos de acuerdo en la diversidad no ha calado en el "creyente de a pie" o en el cristiano inmerso en la esfera pública. Prueba de ello, son las constantes divisiones sociales que nos llevan a vivir en tensiones que se exasperan con brotes de violencia institucional y familiar. Más aún, ignoran el impacto que genera pertenecer a uno u otro partido político, pues, prima más la "pasión" por defender ideas, sin que se contraste esas prácticas con su opción de vida creyente.

Me refiero, por ejemplo, a aquellos creyentes que egresados de universidades confesionales, terminan legitimando una visión de mundo que genera exclusiones o justifican métodos violentos como una manera de lograr la "paz" o pacificar el país, generando, en si, nuevas formas de victimización. También me refiero a aquellos cristianos o cristianas, que militan en los partidos políticos y promueven sus ideas como un "fervor religioso", combinando estas dos pasiones de manera radical; en este sentido, es mucho más lamentable, porque, inducen a elevar la división, el odio y la polarización social, terminando afectando los procesos de reconciliación social que ciertos sectores de la sociedad promueven.

Por eso, me inquieta el papel y enfoque que tiene la catequesis, la educación religiosa escolar, la ética implementada en los planes de estudio, por el poco análisis crítico de los diferentes modelos de organización política y económica, pues, parece ser que no responden a las demandas sociales, ni mucho menos permea para una "transformación" de las prácticas de exclusión e invisibilidad social. De allí que, sea imperativo revisar, cuestionar, indagar por las formas, métodos y sobre todo, los contenidos que se imparten en los diferentes centros académicos sobre la postura frente a diversas corrientes de pensamiento social. E igualmente, revisar otros polos de reproducciòn cultural, sobre el tipo de visión religiosa que se pregona; No es justo, ni sano que aún en pleno siglo XXI, la religión, las instituciones permitan y faciliten modos de pacificación que se promovían hace milenios-ojo por ojo, diente por diente-. Si nos atrevemos a practicar la máxima del movimiento de la ilustración, "atrevete a pensar", no debería causar temores en lo público, ni mucho menos en la vida del creyente, pues, es precisamente allí, en la búsqueda de la Verdad, donde la humanidad ha tenido una luz para revitalizar su existencia y transformar el mundo.

"Ánimo, no tengas miedo", nos dice aquel que asumió y comprendió el misterio de lo humano inmerso en esas pasiones sociales; en el conocimiento de la Verdad y en la comprensión de la misión que tenemos cada uno en esta tierra es que podremos humanizar las estructuras y generar vida en abundancia. Esta es pues, la tarea, pero que debe "secularizarse", es decir, transformarlas en categorías que permitan un diálogo fecundo con el mundo laico, para iluminar los caminos que nos lleven a recrear en nuevas formas de práctica y visión, esas tensiones necesarias y contradictorias. Así pues, ¿por dónde empiezas tu vida? ¿Qué te mueve? ¿Tiene sentido participar activamente desde tu vida de fe en la esfera pública? ¿Das razón de tu fe?

domingo, 24 de julio de 2011

Dios llora en la tierra


Y no se nota porque Dios no existe, declaran los llamados "ateos"; puede o no llorar, dicen los "agnósticos", son efectos de la naturaleza, dicen los evolucionistas; son los efectos del libre mercado en su lógica de producción, dicen los anticapitalistas; son los efectos del calentamiento global, dicen los ambientalistas; es la naturaleza del darwinismo social, declaran los derechistas extremos; es la culpa de la misma religión que prohibe consumir la carne de animales, declaran otros. Pero, ahí está la realidad, los niños lloran de hambre, la viuda por la guerra, el empobrecido y los invisibilizados, claman justicia.Dios llora en la tierra, Dios es herido en su humanidad. Voz que clama en el desierto, ¿dónde estás? El caballo blanco está presente con su jinete, es la esperanza, la resistencia cristiana, los seres que trabajan en silencio por las víctimas; son los héroes de la fe, los que arriesgan su vida y denuncian, los que dejan todo atrás y siguen el eco de la humanidad, son los que negandose así mismo y cargando con su cruz siguen a Jesús de Nazareth. Es la mística de los que creen que es hora, el momento para levantarse, es la hora de indignarse, no más!!! Abre mis ojos Señor, para que pueda ver, danos un corazón grande para amar, un corazón que no se aferre a lo finito, un splagnizo social. ¿Será mucho pedir?

domingo, 23 de mayo de 2010

La des-naturalización de la violencia


Hace algunos días, conversaba con una amiga reciente que había visitado Colombia hacia poco menos de tres años, y me decía, que le había sorprendido mucho que la “gente de allá”, estuviera tan naturalizada con la violencia, que ya cualquier asesinato o desaparición forzada, anunciada en los medios de comunicación, le parecía “normal”, como cosas que pasan “ordinariamente”. Además le sorprendía, de acuerdo a varios relatos que había escuchado, la ley del “tomar la justicia por su cuenta”, esto es, los actos de mayor intolerancia que se evidencian en las mismas peleas y disputas porque “me miró o me cayó mal”, o porque “le regó accidentalmente una gaseosa a mi novia”, o “porque se viste distinto a mi y piensa distinto a mi”, y en las esferas políticas, porque “estamos en oposición a las políticas gubernamentales”; como ya sabemos, esto ha generado, persecuciones, muertes, atentados, seguimientos, hostigamientos, polarización entre buenos y malos, sindicados de “terroristas”, y en fin, se convierte en una cultura, en una naturalización de la violencia. En ese sentido, en días pasados, un periódico de la capital, en su editorial se preguntaba ¿por qué nos matamos?, a propósito de las cifras altas de homicidios en el país. ¿Qué nos ha pasado? En qué hemos fallado para convertir a nuestra nación en un territorio donde nos “despedazamos unos a otros”, ¿que ha hecho el cristianismo, la Iglesia católica para promover o evitar estos imaginarios? Aunque si bien, vivimos en un tiempo de la teología desde las víctimas, aún queda mucho por hacer; aunque existan programas que lideran muchos de nuestros jerarcas de la Iglesia, y organizaciones no gubernamentales con inspiración cristiana, nos falta mucho para erradicar ese mal de la violencia general. ¿Qué debemos hacer?, ¿Cómo podemos generar cambios estructurales?, ¿cómo des-naturalizar la violencia? ¿Cómo hacerles caer en cuenta que la violencia no es algo “normal” en nuestras sociedades? ¿Qué aspectos de la teología deben promoverse en la academia y la catequesis? Estas preguntas urgen de respuestas concretas y viables, porque no es posible que, aunque se tengan éxitos políticos en algunos programas gubernamentales, y nos ufanemos de ser el “país del Sagrado corazón” o de ser la mayoría “católicos” “o ser uno de los países más felices”, igual, se percibe el ambiente de injustica social, de dolor, mentira, y, por supuesto, de no reparación a las víctimas. En un primer momento, considero viable una reforma a la educación colombiana, pero no cambios sustanciales, sino viscerales, estructurales, donde no simplemente se tenga el fin de la educación como capacitación técnica y del mercado, sino en preparar para “la vida”, para humanizar, para hacernos realmente humanos; una catequesis de la Iglesia que hable de la eternidad, pero desde las realidades terrenas, una fe más vivida y menos pensada, una teología con teólogos más comprometidos con los “aporoi”, los “anawin”, con los más desprotegidos de la sociedad, pues, sin testimonio no es posible una transformación de las realidades. Examínate como creyente, y has eco del texto sagrado, «¿A quién enviaré? ¿y quién irá de mi parte? (…)». Is. 6 1-8

miércoles, 19 de mayo de 2010

Las grietas y de la casa II parte

Estamos presenciando una crisis sin precedentes en la historia contemporánea, dentro de la Iglesia Católica, por motivos claramente conocidos: la pedofilia o abuso sexual a menores, el homosexualismo, por algunos pastores de nuestra iglesia, además se fomenta el polémico debate sobre celibato y la ordenación de mujeres. Se ha dicho mucho al respecto, pero me centraré más bien, en la idea global de la “Iglesia en crisis”, pero “crisis” entendida como “una oportunidad de cambio”, porque si la Iglesia está en crisis, el mundo también lo está. Cambio no solo en la iglesia, sino en todos los estamentos sociales, cambios profundos en la política donde se sigue evidenciando la sevicia humana expresada en “El príncipe” de Maquiavelo, o las jugadas actuales de los asesores presidenciales siguiendo al maestro Joseph Fouché, asesor de Napoleón, o los miles de Rasputines en la política actual (aunque los políticos de desgarren las vestiduras diciendo que no es así) o en los casos de persecución y muerte a los grupos de oposición de los gobiernos; cambios profundos en la economía donde impera la cultura del “consumo, luego existo”; cambios en las crisis de los jóvenes, donde viven en el sinsentido y falta de rumbo en sus vidas, sin un verdadero modelo a quien seguir, pues hasta la misma Iglesia con sus inconsecuencias alejan a los jóvenes de sus vitalidades; Hay una crisis de la civilización, y la educación hace parte de esa crisis. Porque el modelo educativo que empezó con la creación de la escuela pública y los sistemas educativos se basa en los principios del capitalismo (producción-ganancia individual), que evidentemente solo produce hombres y mujeres que buscan sus intereses personales a la hora de aportarle a la sociedad. Ese es el efecto que vemos a diario en las noticias, atentados, violencia intrafamiliar, asesinatos, impunidad, intolerancia, indiferencia, corrupción, racismo en todas sus formas. Esos valores que normalmente se enseñan son predatorios, forman parte de una época en que no hablan sobre ninguna sensibilidad con el medio ambiente, y bajo esa realidad ¿qué podemos hacer?

Las respuestas y oportunidades

En ese sentido original y positivo de la “crisis”, nos damos cuenta y aceptamos que realmente se viven sufrimientos, no solamente por causas externas, sino como bien lo dice Benedicto XVI, “los sufrimientos vienen de la misma Iglesia, del pecado que se da en la misma Iglesia” y necesitan entonces, “purificación”, purificación en los planes de estudios de la vida sacerdotal, purificación en las prácticas rituales y visiones teológicas que asientan más el servicio en le poder y autoridad, purificaciones en los sentidos genuinos de la vida espiritual, en el seguimiento de Jesús. Esa purificación también demanda una reparación. Y parte de ella, como un imperativo categórico es la escucha y acompañamiento a las víctimas, pues, la reparación implica la justicia y la verdad.

Y en esa tarea, de la Iglesia institución, los creyentes debemos procurar el apoyo a nuestros pastores, en oración y permanente atención. Y por supuesto, un trabajo de mayor incidencia en los sufrimientos humanos, de acompañamiento para transformar esas realidades, testigos vivos como P. Alberto Hurtado, Maximiliano Kolbe, Luther King, Monseñor Romero, una vivencia de fe más auténtica, sin vivir de las apariencias que nos lleva a ser católicos de ritos y sacramentos, pero el corazón alejado de Dios, sin amor al prójimo. Esta es la tarea, esta es la hora primera, trabajemos!!!!

martes, 18 de mayo de 2010

¿Por qué no reparan mi iglesia? Primera parte


Es conocida la historia de Francisco de Asís, cuando en tiempos de juventud, e inquieto por lograr fama y prestigio social, fue herido en una batalla y encarcelado. Allí examinó su vida y decidió cambiar. En uno de esos trabajos de ayuda al prójimo y caminando a cierta aldea, encontró una ermita semidestruida, y al entrar, vio un crucifijo y oró frente a el unos instantes, y dicen que en ese momento, escuchó una voz que le decía: “Francisco, vete y repara mi iglesia, que se está cayendo en ruinas”. Y claro, pensó que Dios era muy directo y muy claro para hablar e hizo lo que él interpretó: Arreglar esa ermita y muchas otras que estaban abandonadas a las orillas de los caminos. Así que como buen “cristiano”, de nobles intenciones, se puso como un maestro de obra, e invitó a varios más, para hacerle ese acto de caridad a Dios. Pero, sabemos que, ese no era el sentido con que hablaba Dios.

En ese momento (Siglo XIII) se vivía un florecimiento cultural y espiritual dejado en el siglo XII por varias órdenes conventuales; no obstante, permanecía una tensa calma religiosa e intrigas políticas, y donde lamentablemente el clero de Roma vivía como en Sodoma y Gomorra, esto hace arruinar la Iglesia. Ejemplos tales como, la costumbre de intromisión civil en asuntos eclesiásticos con sus consecuencias (ponían obispos a su capricho). y por otra la relajación moral de muchos de los religiosos así nombrados: el celibato solo para ocasiones especiales, uso común de compra y venta de bienes espirituales, y otras cuestiones que deslegitimaban el discurso moral de la Iglesia. Pero, como pasó en ese tiempo, y en otras crisis de la Iglesia, Dios nunca ha dejado solo a su rebaño. Dentro del mismo pueblo escoge a personas para redireccionar el barco que está a la deriva. Y es así que, Francisco y Domingo de Guzmán, emprenden una obra monumental dentro de la Iglesia que logra estabilizar y reestructurar la Iglesia que se estaba cayendo. Lo mismo pasó en el siglo XVI con la reforma protestante, es el tiempo donde surgen los grandes místicos de la Iglesia y vuelven nuevamente a reparar la Iglesia. Es tiempo de reparar nuestra iglesia, miremos la historia, volvamos a revitalizar lo que realmente es de Dios y pongámonos a trabajar……..

¿Una Iglesia en crisis? Una humanidad, educación, cultura, economía y teología en crisis